Cómo no pagar el "impuesto" a la SGAE

Leo en Estrella Digital que han absuelto al hotel Puerta de Burgos del “delito” de no pagar el “impuesto” a la SGAE. ¡Bien por ellos! ¿Cómo lo han hecho? Muy sencillo, poniendo música en su hilo musical que está libre de derechos de autor.

Esto me recuerda a varias conversaciones al respecto en las que mi amigo Delfín me ha ilustrado acerca de estos temas.

Hay autores que exigen el pago de derechos por escuchar sus obras, el famoso copyright. Hay otros autores que, publican sus obras bajo licencia copyleft (como la licencia Creative Commons), la cual permite la libre distribución y disfrute de las obras siempre que se cite al autor.

Esto no quiere decir que los autores dejen de ganar dinero. Por ejemplo, Nine Inch Nails publicaron GHOSTS bajo este tipo de licencia, y puedes descargarlo libremente en su web. También tienes la opción de comprar sus discos, y como suele suceder, los seguidores del grupo no defraudan, y tener la obra bien grabada supone un aliciente que cualquier melómano está dispuesto a pagar. Como podéis leer en Hipersónica no es mal negocio para los autores.

Si los autores ganan, y el público también, ¿quién pierde? Las discográficas y las sociedades de autores. Hay una web interesantísima acerca del tema que explican perfectamente cómo funcionan éstas: www.comosobreviviralasgae.es

Puedes incluso descargarte un libro (gratuitamente, cómo no) que te cuenta muchas cosas interesantes. Te lo recomiendo encarecidamente.

Resumiendo viene a explicar cómo hay autores pretenden vivir toda la vida de unos pocos años de trabajo; cómo hay gente que pretende enriquecerse con la excusa de la compensación a los autores cobrándonos un impuesto a todos (el llamado canon digital); cómo cada bar, restaurante, tienda, etc., tiene que pagar unos derechos de autor por poner música, o tener una tele o cualquier cosa que emita algo que pueda reproducir contenidos con derechos de autor (ese “impuesto” obviamente lo repercuten al consumidor del establecimiento). Y el libro explica cómo sobrevivir a todo esto y mucho más.

Además pretenden hacernos creer que la copia de música (por ejemplo) es ilegal, cuando precisamente es el canon digital el que ampara esa copia privada (siempre que no haya ánimo de lucro) ya que este canon compensa al autor de la copia realizada, por lo que la copia privada es totalmente legal. Luego esa copia privada, yo puedo regalársela a mi amigo (por ejemplo), y eso es legal. Bueno, esto es así en España ya que se paga el canon, no sé si en otros países se permite la copia privada de manera legal.

Ahora bien, otro tema distinto es cómo las sociedades de autores reparten el dinero entre sus asociados.  Utilizan razonamientos completamente falaces y faltos de lógica y de sentido.  Por ejemplo dicen que cuanto más se escucha en la radio una canción, más se vende y más se “piratea” (término incorrecto pero que ellos utilizan).  Este argumento completamente falaz les sirve para crear “mafias” (lo siento, no se me ocurre una palabra mejor) que se reparten el dinero obtenido del canon digital.  El dinero que pagamos todos a través del canon digital lo gestiona las sociedades de autores, que lo dan a las discográficas, que lo reparten entre sus autores, pero que también utilizan para “sobornar” (tampoco se me ocurre una palabra mejor) a las emisoras de radio como “Los 40 siempreiguales” o “Zooropa Vaya M” (las emisoras de música para la gente que no le gusta la música) con el objetivo de que emitan las canciones de los autores que quieren beneficiar con los falaces argumentos que esgriman.  ¿No te has preguntado nunca por qué siempre escuchamos las mismas canciones en estas radios comerciales?  En el trabajo tengo la desgracia de tener que soportarlas y me da verguenza ajena escuchar todos los días las mismas canciones, algunas desde hace 4 años.  Yo escucho en casa más variedad de música  en un mes, que en 4 años en una de estas emisoras.

Otro engaño que utilizan en su plan para beneficiar de los millones recaudados con el canon digital a los artistas que a la SGAE y a las discográficas les conviene, es jugar con la opaca cifra de los discos vendidos.  Se paga a los autores por discos vendidos, pero no vendidos al consumidor final, sino a las tiendas.  Así que se habla incorrectamente de discos vendidos cuando realmente son discos distribuídos, porque la gran mayoría se devuelven a las discográficas.  Pero no pasa nada, con las cifras que manejan, la compensación que reciben por el canon digital les es más beneficiosa a pesar de los costes de producir discos que no se van a vender.  Luego, hay discos demandados por gente que realmente busca música “de verdad”, y son muy difíciles de encontrar, porque no han sido distribuídos.

Este gráfico muestra cómo los ciudadanos “de a pie”, consumidores de productos lamentablemente gravados con el canon digital, son los únicos que pagan dinero que se va quedando entre los distintos actores de la pantomima.

Cómo se distribuye el dinero que pagamos con el Canon Digital

Cómo se distribuye el dinero que pagamos con el Canon Digital

Resumiendo, es mejor beneficiar a unos pocos artistas mediáticos de ingentes beneficios que pagamos entre todos, que idear un modo justo de repartir el dinero recaudado por el canon digital entre todos los artistas.

Por otra parte, el canon digital es extremadamente caro e injusto, ya que grava artículos que no se van a utilizar para hacer copias privadas de obras con copyright, y a entidades que tampoco van a hacer ese uso (como las copias de seguridad de los datos propios en las empresas).  Además, el porcentaje de dinero que llega a los autores es ínfimo, por lo que realmente el dinero que se paga, en realidad no puede considerarse que llega al autor, porque la mayor parte del dinero “se queda por el camino”.

Lo cierto es que se quejan de la mal llamada “piratería” cuando los auténticos piratas que sacan el dinero al “ciudadano de a pie” son ellos.  Cuando la música se vendía en vinilo y apareció el CD, el disco compacto valía el doble que el disco de vinilo, cuando en realidad comprabas el mismo producto (una obra musical).  Argumentaban el mayor coste de producción.  Los costes bajaron, pero los precios no.  De hecho, hoy día un vinilo, que es algo “raro” y considerado pieza de coleccionista, cuesta lo mismo o incluso más dinero que el equivalente en CD.  Les pudo la avaricia, y ahora se quejan de que no ganan lo que ganaban antes.  Pero no me malinterpretéis.  Yo mismo, un disco me gusta, me lo compro original (aunque sea en formato digital por Internet).  Hay cosas que vale la pena pagarlas.  El canon digital tal vez no, por excesivo e injusto.

Volviendo al tema original del artículo, si tienes un establecimiento y te obligan a pagar el “impuesto” a la SGAE, la mejor manera de evitarlo es emitir contenido libre, como Creative Commons. Un ejemplo de dónde conseguir “arte” libre es Jamendo.  De este modo no estás obligado a pagar derechos de autor, y no tienes por qué hacerlo.  Como decía al comienzo de este artículo, ya hay sentencias firmes que eximen de pagar derechos de autor a locales que emitían obras sin copyright.

Direcciones de interés:

http://creativecommons.org/

http://www.jamendo.com/es/

http://www.comosobreviviralasgae.es/

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2 pensamientos en “Cómo no pagar el "impuesto" a la SGAE

  1. Enhorabuena por el artículo. Está muy bien explicado.

    Al hilo del post (aunque desde otra perspectiva, mas ligada al desarrollo de software) aquí dejo un link de un interesante libro en formato pdf titulado “PROHIBIDO PENSAR, PROPIEDAD PRIVADA”.

    Algunos párrafos interesantes del mismo:

    “La existencia de software provoca inevitablemente que nos preguntemos sobre
    qué decisiones concernientes a él deberían tomarse. Por ejemplo, supongamos una
    persona que teniendo una copia de un programa se encuentra con otra que desearía
    tener una copia. La posibilidad de copiar el programa existe; ¿quién debería decidir
    si esto se lleva a cabo o no? ¿las personas involucradas? ¿U otro sujeto, llamado
    ”dueño”?
    Los desarrolladores de Software generalmente consideran estos problemas
    basándose en que el criterio para resolverlos es maximizar los beneficios del
    desarrollador. El poder político de la empresa ha llevado al gobierno a la adopción
    de este último criterio así como el propuesto por los desarrolladores: que el programa
    tiene un dueño, generalmente una compañía asociada a su desarrollo.
    Me gustaría considerar el mismo problema pero usando un criterio diferente: la
    prosperidad y la libertad del público en general.
    La respuesta no puede provenir de la ley vigente —la ley debería amoldarse a la
    ética y no al revés. Tampoco el día a día resuelve este problema, a pesar de que puede
    sugerir algunas soluciones posibles. La única forma de juzgar es viendo quién se ve
    ayudado y quién se ve perjudicado mediante el reconocimiento de dueños de software,
    por qué, y cuánto. En otras palabras, deberíamos realizar un análisis del tipo costobeneficio
    en nombre de la sociedad como un todo, teniendo en cuenta la libertad
    individual así como la producción de bienes materiales.

    Cómo los Dueños Justifican Su Poder

    Aquellos que se benefician del sistema actual en donde los programas se entienden
    como propiedad esgrimen dos argumentos en favor de su derecho de ser dueños de
    programas: el argumento emocional y el argumento económico.
    El argumento emocional es del tipo: ”Pongo mi cariño, mi corazón, mi alma en
    este programa. Proviene de mí, es mío!”
    Este argumento no necesita de una refutación seria. El sentimiento de cercanía
    es uno que los programadores pueden cultivar cuando les viene bien; no es inevitable.
    Considérese, por ejemplo, cuan deseosos esos mismos programadores firman y ceden
    sus derechos sobre el programa a una gran compañía a cambio de recibir un salario;
    el apego emocional se desvanece misteriosamente. Por el contrario, considérese a los
    grandes artistas y artesanos de la época Medieval, que ni siquiera firmaban sus
    trabajos. Para ellos, el nombre del artista no era importante. Lo que importaba era
    que el trabajo se había hecho –y el propósito al que servía. Esta visión prevaleció
    durante cientos de años.
    El argumento económico es del tipo: ”Quiero ser rico (normalmente expresado de
    manera poco precisa como ‘vivir de algo’), y si no me dejas llegar a rico programando,
    entonces no programaré. Todo el mundo es como yo, de manera que nadie programará
    jamás. ¡Y te encontrarás conque no tienes programas!” Esta amenaza suele estar
    disfrazada de ‘consejo de amigo que viene de un sabio’.
    Explicaré más tarde por qué esta amenaza es algo completamente absurdo.
    Antes me gustaría presentar una suposición implícita que es más evidente en otra
    formulación del mismo argumento.
    Esta formulación empieza comparando la utilidad social del software privativo
    con la utilidad sin ese software, y entonces llega a la conclusión de que el software
    privativo es, en general, beneficioso, y debería ser promovido. La falacia aquí se
    encuentra en comparar solamente dos posibilidades —software privativo vs. ausencia
    de software— y suponiendo que no existen otras posibilidades.
    Dado un sistema en el que impera la propiedad intelectual, el desarrollo del
    software se encuentra generalmente vinculado a la existencia de un dueño que
    controla el uso de ese software. Mientras existe este vínculo, estamos continuamente
    frente a la elección entre software privativo o nada. Sin embargo, esta unión no es ni
    inherente ni inevitable; es más bien una consecuencia de la decisión socio-legal
    específica que estamos cuestionando: La decisión de tener dueños. Formular la elección
    entre software privativo y ausencia de software está pidiendo a gritos este
    planteamiento.

    El Argumento en contra de Tener Dueños

    La pregunta que se nos plantea es, ”¿Debería el software estar vinculado a la
    existencia de dueños para, de esa manera, restringir su uso?”
    Para poder resolver este problema, tenemos que juzgar el efecto en la sociedad
    de cada de las dos opciones independientemente: el efecto de desarrollar el software
    (sin tener en cuenta la manera en que se redistribuye), y el efecto de restringir su uso
    (suponiendo que el software ha sido desarrollado). Si una de estas actividades es
    beneficiosa y la otra es perjudicial, deberíamos deshacernos de la doble actividad y
    usar sólo la beneficiosa.
    En otras palabras, si restringir la distribución de un programa ya desarrollado es
    perjudicial para la sociedad en su conjunto, entonces un desarrollador de software
    que se considere ético debería rechazar esta opción.
    Para determinar el efecto de restringir el poder compartir, necesitamos comparar
    el valor, para la sociedad, de un programa restringido (v.g., privativo) con ese mismo
    programa, pero accesible a todo el mundo. Esto nos lleva a comparar dos mundos
    posibles.
    Este análisis también tiene en cuenta el, a veces defendido, contra-argumento de
    que ”el beneficio que se le proporciona al vecino al recibir una copia de un programa
    se cancela con el perjuicio provocado al dueño.” Este contra-argumento presupone
    que el perjuicio y el beneficio son iguales en magnitud. El análisis llevado a cabo
    tiene en cuenta el comparar estas magnitudes, y el resultado muestra que el beneficio
    es mucho mayor que el perjuicio.
    Para clarificar todo esto, vamos a aplicarlo a otra área: la construcción de
    carreteras.
    La financiación para construir todas las carreteras podría provenir de peajes.
    Como consecuencia nos encontraríamos puntos de peaje en cada esquina. Un sistema
    de este tipo generaría incentivo a la hora de mejorar las carreteras. También tendría
    la virtud de causar que los usuarios de una determinada carretera pagasen por ella.
    Sin embargo, un punto de peaje es un obstáculo artificial para una conducción sin
    cortes —artificial, porque no es una consecuencia derivada de cómo los coches o las
    carreteras funcionan.
    Si comparamos carreteras libres y carreteras con peaje por su utilidad, encontramos
    que (siendo iguales), las carreteras sin puntos de peaje son más baratas de construir,
    más baratas para administrar y más eficientes.3 En un país pobre, el peaje podría
    provocar que algunas carreteras estuviesen inaccesibles a muchos ciudadanos. De
    manera que las carreteras sin puntos de peaje ofrecen mayor beneficio a la sociedad
    a menor costo; son preferibles por la sociedad. Luego la sociedad debería elegir
    financiar las carreteras de otro modo, no mediante puntos de peaje. El uso de las
    carreteras, una vez construidas, debería ser libre.
    Cuando los defensores de los puntos de peaje los presentan como simples
    recaudadores de fondos, distorsionan la elección que de verdad existe. Los puntos de
    peaje incrementan los presupuestos, pero hacen algo además de eso: De hecho,
    degradan la carretera. La carretera con peajes no es tan buena como la carretera
    libre; el hecho de que se nos de más carreteras o carreteras técnicamente superiores
    puede muy bien no ser una mejora si ello implica sustituir carreteras libres por
    carreteras de peaje.
    Por supuesto, la construcción de una carretera gratuita cuesta dinero, que de
    alguna manera la gente tiene que pagar. Sin embargo, esto no implica la inevitabilidad
    de los puntos de peaje. Nosotros, que en ambos casos pagamos, sacaremos mayor
    beneficio de nuestro dinero si compramos una carretera gratuita.
    No es estoy queriendo decir que una carretera con peaje sea peor que no tener
    carreteras. Eso sería verdad si el peaje fuese tan grande que casi nadie pudiese usarla
    —pero no es esta la intención para un recaudador de peajes. Sin embargo, debido a
    que los puntos de peaje causan pérdida de tiempo y molestia considerables, es mejor
    conseguir el dinero de una manera menos obstaculizadora.
    Para aplicar este mismo argumento al desarrollo del software, mostraré ahora
    que el tener ”puntos de peaje” en programas útiles le cuesta a la sociedad una
    barbaridad: provoca que los programas sean más caros a la hora de construirlos,
    más caros para distribuir, y menos satisfactorios y eficientes al usarlos. Se seguirá
    que la construcción de programas debería ser promovida de alguna otra forma. Más
    tarde, continuaré explicando otros métodos que promuevan y (hasta donde sea de
    verdad necesario) financien el desarrollo de software.

    El Perjuicio Ocasionado por Obstaculizar el Software

    Considérese por un momento que un programa ha sido desarrollado, y que
    cualesquiera pagos necesarios para su desarrollo se llevaron a cabo; ahora la sociedad
    debe decidir entre convertirlo en privativo o dejar que se use y comparta libremente.
    Supóngase que la existencia del programa y su disponibilidad se desean.4
    Las restricciones sobre la distribución y modificación del programa no pueden
    facilitar su uso. Sólo pueden interferir con él. Así que el efecto solamente puede ser
    negativo. ¿Pero cuánto? ¿Y de qué tipo?
    Existen tres niveles diferentes de daño efectivo que provienen de esta interferencia:
    • Un menor número de personas usa el programa.
    • Ninguno de los usuarios puede adaptar o arreglar el programa.
    • Otros desarrolladores no pueden aprender del programa, o basar un trabajo
    nuevo en él.
    Cada nivel de perjuicio efectivo lleva asociado un perjuicio psicológico. Me
    refiero al efecto que las decisiones de la gente tiene en sus sentimientos, actitudes y
    predisposiciones posteriores. Estos cambios en la manera de pensar de la gente
    tendrán un efecto posterior en sus relaciones con sus vecinos, y pueden acarrear
    consecuencias efectivas.
    Los tres niveles de perjuicio efectivo desaprovechan parte del valor que el
    programa podría proporcionar, pero no lo pueden reducir a cero. Si desaprovechan
    casi todo el valor del programa, entonces el hecho de escribir el programa perjudica
    a la sociedad en tanto se dedicó esfuerzo en escribir el programa. Se podría decir que
    aquel programa que produce beneficios al venderse debe proporcionar algún tipo de
    beneficio material directo.
    Sin embargo, teniendo en cuenta el perjuicio psicológico asociado, no existe
    límite al perjuicio que el desarrollo de software privativo puede llegar a ocasionar.”

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